lunes, 2 de abril de 2018

Ida y vuelta a Loma Bonita


Buenas tardes camaradas. El día de ayer tuvimos una rodada extrema. Con bastante calor. Sobre todo, en el lapso de 1 a 3 de la tarde, fue cuando sentimos más calor. Empezaba amanecer, porqué prácticamente salimos a oscuras de casa, y con la cámara quisimos tomar una foto al Rey Sol, pero la cámara no pudo captar el esplendor del sol, tal y como nosotros lo veíamos. Era hermoso. El Sol empezaba su jornada, y también lo hacíamos nosotros al empezar la rodada, y apenas estábamos en San Silverio. Al frente teníamos el Sol saliendo, y en lo alto a nuestras espaldas teníamos la Luna llena, muy claramente visible, a pesar de que ya era de día.

 La camaradería se hizo presente en el gesto del maestro Karim, tres tamales de masa nos invitó, y cada uno probo un poco. Tampoco el fin era llenarnos, sino tener algo en el estómago después de haber pedaleado hasta Arroyo Zuzule y tener un pequeño rato de convivencia comiendo. Es buena idea, si lo hacen, pararse un rato en este punto, el punto más alto del Pueblo y contemplar lo verde de los alrededores. Es posible alcanzar a obtener un poco de señal en el celular como para mandarles una foto.

Sobre el camino, pasando el Poblado de Altamira, el camino se volvió vereda, pasando entre cañales y potreros. La primera puerta que pasamos era de metal y nos topamos con un lugareño que en el lugar se encontraba ordeñando. Al ver la puerta pensamos que nuestra travesía se tenía que recomponer y tomar un camino alterno. Pero lo que hicimos fue identificarnos quitándonos el casco y las gafas, la gente es desconfiada en estos días, y ciclistas no pasan muy seguido por allá. Recomiendo siempre despejar su rostro cada vez que pidan auxilio u orientación de los caminos con los lugareños. A veces ustedes mismos se podrán sorprender de la hospitalidad de algunas personas en las comunidades. Tal y como más adelante lo comentaré.
Después de sortear las veredas y varias puertas, pudimos llegar al camino viejo de Palo Gacho a Loma Bonita, que era la antigua carretera a Loma Bonita, por lo cual es un camino bastante ancho. Ésta etapa es un poco más cansada, ya que hay mucha grava y piedra suelta, por lo cual es más golpeado para las muñecas de nuestras manos y también para el trasero. Es recomendable pararse sobre los pedales en cada bajada para descansar un poco el culo del sillín.

Al fin alcanzamos Loma Bonita, no podía faltar el jugo de piña y el coctel de piña, tanto para hidratarnos como para saciar un poco el hambre. Como esto no bastó, nos fuimos a una fuente de sodas muy conocida allá, me refiero a Sodas Cris. Nos trataron muy bien, e incluso nos llenaron con agua de nuevo nuestras empolvadas ánforas. Y nos contactaron con otro ciclista para que en futuras incursiones podamos apoyarnos de ellos.

En este punto los calambres se hicieron presentes, y a uno que otro les dio un tirón en la pierna.
Tomamos el camino que comunica Tlacojalpan con Loma Bonita, y a partir de esta etapa, la sombra escasea más, había menos árboles, tanto en la carretera como en la terracería, ya que predominan los campos de cultivo de caña de azúcar y los grandes potreros. El camino que tomamos fue la desviación por terracería hacia Guadalupe Victoria, que nos brindó un suelo compacto y arena fina sobre él. Cada vez que nos rebasaba una camioneta o camión dejaba una estela de polvo, en pocas palabras nos talqueaba. Un pañuelo o una bufanda tubular fueron muy útiles en este camino. Si hay polvo nos cubre nuestra nariz y con el sol retiene nuestro sudor que, al evaporarse alrededor de nuestro cuello, nos da una sensación de frescura. Lo bueno también fue que no pasaban muchos autos por ahí.

Al llegar a Guadalupe Victoria ya habíamos agotado de nuevo nuestra agua en nuestras ánforas, así que buscamos una casa con pozo de agua. No tardamos mucho en localizar una. Fue bastante curioso este hecho y nos dejó pensando lo que a continuación describiré.
Al llegar a la casa, salió una abuela a nuestro encuentro:
-Que tal sra. Buenas tardes, mire, somos ciclistas de Tuxtepec, venimos de Loma Bonita y nos dirigimos a Tuxtepec pasando por Palo Gacho, nuestra agua se ha agotado, si nos permitiera llenar nuestras ánforas con su agua del pozo estaríamos muy agradecidos.
La sra. de edad avanzada nos explicó amablemente que no era posible tomar agua del pozo, pues este se encontraba sucio y no era apto para beber, así que sacó un garrafón, de esos que compramos a las "purificadoras de agua" y llenó un recipiente. Todos tomamos y llenamos nuestras ánforas con el agua. Al preguntar cuánto le debíamos por el agua, nos dijo que no era nada. Sin embargo, nuestro compañero Cesar le dio el dinero que corresponde a lo de un garrafón. Al estar descansando en la sombra de la entrada de la sra. Eufosina, su vecino salió y nos regaló bolís de tamarindo para todos. Se negó a recibir dinero como pago.
Es curioso cuando de alguien que no conoces, recibes algo sin pedir nada a cambio, en este caso los bolís, los cuales nos refrescaron un montón. Y también incongruente, en el caso de la sra. Eufosina, teniendo pozo de agua no poder beberla si no tenerla que comprar a otro. Esto es el negocio del agua embotellada.


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